La dictadura de los libertadores

Mineros Asturias revuelta protesta violentos

Consultando Twitter esta mañana me he topado con este tweet de Marta Rivera Cruz, periodista y escritora a la que sigo de cerca por la sensatez de muchos de sus mensajes.

Casi al mismo tiempo leía en la edición digital de El Mundo una noticia sobre la huelga de taxistas en Madrid, y sobre los diversos incidentes producidos en relación a ésta. En esta ocasión no han sido encontronazos entre manifestantes y cuerpos de seguridad lo que ha provocado los disturbios. Los taxistas peleaban contra los taxistas.

¿El motivo? El habitual: quienes protestaban atacaban a quienes habían decidido, dentro de su libertad constitucional, trabajar en el día de hoy. En otras palabras, intentaban obligar y coaccionar a sus compañeros para que diesen uso a su libertad democrática de ir a la huelga, con objeto de luchar contra el dictado de un Ministerio de Fomento que actúa de forma legal (la legitimidad del Gobierno no está tan clara).

El resultado han sido diversos taxis destrozados, e incluso uno de ellos rociado de gasolina. Más allá del daño habitual sobre las personas y las cosas, llama mi atención la situación en que se encuentran quienes se niegan a obedecer las órdenes de los sindicatos que dicen representarlos.

Se hallan entre la espada y la pared. La espada sería la dictadura de un Gobierno elegido por todos, pero no por cada individuo, que dice actuar en favor de la ciudadanía. La pared, el paramilitarismo de sus colegas de profesión, tornados en guerrilla urbana contra ellos, en lugar de contra quien, dicen, obran en perjuicio del interés general de todos los conductores. Y mientras tanto su medio de ganarse la vida, su taxi, destrozado. La dictadura de los libertadores.

Sin embargo este no es el caso de delirio reivindicativo más flagrante de nuestros días recientes. Las revueltas de algunos grupos provenientes de las cuencas mineras del norte de España merecen una atención y análisis aún más detallado. Desde el punto de vista de un ciudadano cualquiera, como usted y como yo, esta es la situación:

Los mineros llevan años cobrando de MIS impuestos por un trabajo que vale mucho menos. MI Gobierno decide recortar este deficitario acuerdo económico para que MI dinero no se malgaste. Entonces los mineros cortan MIS carreteras, ejercen violencia contra MIS cuerpos policiales (cuyos sueldos, bajas y tratamientos médicos se pagan con MIS impuestos) para recuperar MI dinero. ¿Lo peor? Que un número considerable de mis conciudadanos les apoyan.

Al margen del repudio que todos decimos sentir por la violencia (a muchos de esos mineros que ahora utilizan lanzacohetes contra la policía seguro que se les llena la boca maldiciendo contra Al Assad en Siria, o contra la tríada de las Azores hace unos años), hemos de reconocer que la situación tiene su punto de subrrealista.

La opresión de los de arriba es soportable en muchos casos. Les hemos elegido por un método más o menos aceptado por todos, y existen mecanismos de control, pese a sus muchas deficiencias. La opresión de tus iguales da más miedo. El mensaje es que su opinión vale más que la tuya, su libertad y derechos están por encima de los del resto. Y se convierten en otra élite, otra fuerza, otra dictadura que castiga a los diferentes. De nuevo, la esclavitud de quienes dicen querer liberarnos.

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Acerca de Francisco Reina

Periodista y bloguero. Política, economía, tecnología, actualidad, música y literatura.
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